miércoles, 7 de enero de 2009

FAMÍLIA, MATRIMONIO Y VIDA PRIVADA


La familia nuclear es aquella formada por un matrimonio con hijos. También existe el modelo de familia extensa, que se da cuando padres e hijos conviven con otros parientes, como los abuelos, tíos, primos… Un rasgo característico de la organización familiar en las sociedades occidentales es la monogamia: es ilegal que un hombre o mujer esté casado con más de un individuo de manera simultánea. En el conjunto del mundo, la monogamia no es el tipo de matrimonio más común, sino que predomina la poligamia (se da cuando alguien puede estar casado con más de un individuo a la vez), que se divide en: poliginia, caracterizada porque es el hombre el que puede tener más de una esposa a la vez, y la poliandria (mucho menos común), en la que es la mujer quien tiene derecho a estar casada con dos hombres a la vez.

Históricamente, las familias extensas eran comunes, mayoritariamente, en Europa Oriental y Asia. En la Europa premoderna era habitual que los niños comenzaran a trabajar ayudando a los padres a edades tempranas, sobre los 8 años. También había quien se marchaba, también a edad temprana, a trabajar fuera de casa, y a menudo no volvía a ver a sus familiares. A estos motivos hay que sumarles otros, que hacían que los grupos familiares fueran menos permanentes que en la actualidad (a pesar del alto índice de divorcios actual): motivos como el índice de mortalidad mucho mayor que el actual en todas la edades, el gran número de casos de fallecimiento de la madre en el parto, y la abundancia de casos de niños que no vivían más de un año. En conclusión, las condiciones sanitarias e higiénicas mucho peores hacían aumentar mucho las tasas generales de mortalidad.

El sociólogo histórico Lawrence Stone ha diferenciado 3 etapas en el desarrollo de las familias premodernas a las modernas, entre los siglos XVI y XIX:

- La primera etapa se caracterizaba porque la elección de la pareja para contraer matrimonio no pertenecía a quien se casaba, sino a los intereses de padres, otros parientes o de la comunidad. Relacionado con esta característica, encontramos que el sexo sólo se entendía con la función reproductora, no como fuente de placer.

- La segunda etapa, de transición, tuvo lugar en el siglo XVII, y se caracterizó por el aumento de la independencia de la familia nuclear respecto al resto de parientes y la comunidad. Además, se hizo especial hincapié en el amor conyugal.

- La tercera y última etapa que se ha ido desarrollando es el modelo familiar más común en Occidente hoy en día, basado en la mayor preocupación por la educación de los hijos y en unos lazos afectivos más fuertes entre los miembros de la familia. La pareja es elegida por cada individuo y toma protagonismo el sexo como fuente de placer.


Actualmente sigue habiendo diversidad en los modelos familiares existentes. Aún así cabe destacar que se están produciendo cambios importantes, por motivos diversos como la expansión por todo el globo de la cultura occidental y el desarrollo de grandes gobiernos centralizados. Estos cambios están llevando, en general, al predominio de la familia nuclear. Los cambios más importantes que están teniendo lugar a escala mundial son la reducción de la presencia de familias extensas, la libre elección del conyugue, el mayor respeto a los derechos de las mujeres, la reducción de los matrimonios entre parientes, el aumento generalizado de la libertad sexual y la extensión de los derechos del niño. A pesar de estos cambios, la familia nuclear no ha eliminado en absoluto la presencia de otros modelos. Un buen ejemplo de la gran variedad de modelos familiares que conviven hoy en día es el Reino Unido, como consecuencia de la gran diversidad cultural que aglutina. Además de familias británicas, marcadas por las tendencias occidentales, en el país conviven otros modelos muy importantes en número de habitantes y con diferencias entre ellos, como son las familias sudasiáticas o las negras.

Un cambio importante que se ha producido en los últimos años es el espectacular aumento de los divorcios. Esto se ha dado porque antiguamente solo se permitían en circunstancias muy específicas, pero no se entendían como un recurso habitual, y quien solicitaba el divorcio tenía que presentar cargos (crueldad, abandono, adulterio…) contra su pareja. Pero durante los años 60 y 70, muchos países fueron adaptando sus legislaciones de tal manera que convirtieron el divorcio en algo mucho más accesible y menos traumático, pues adquirieron la nueva posibilidad de divorcio sin culpables, es decir no necesariamente por motivos tan contundentes como los ejemplos puestos anteriormente. El espectacular aumento de los índices de divorcios influye en la vida de los niños, pues hoy en día ya no es un hecho aislado que muchos padres vivan separados y/o con otras parejas.

En la actualidad, las mujeres jóvenes sienten curiosidad y deseo por lo estimulante, lo nuevo, el cambio y el riesgo, y tienen un deseo de autonomía. En parte, esto se debe a que ellas disponen de libertades y derechos de los que no disponían sus madres. En general, para las generaciones jóvenes (tanto hombres como mujeres) el matrimonio está perdiendo atractivo.

Como se ha comentado anteriormente, a los niños les afecta directamente el aumento de divorcios. Se puede pensar que no les favorece, pero hay que preguntarse también si el prolongamiento de matrimonios infelices con tal de no divorciarse les hace algún bien. Según un estudio realizado por Judith Wallerstein i Joan Nelly en los años 80, la gran mayoría de niños padecen una fuerte perturbación emocional durante la época del divorcio, que se manifiesta de distintas maneras según la edad que tengan (confusión, culpabilidad, ira…). Sin embargo, pasados 5 años, la mayoría de niños se adapta más o menos bien a su nueva vida, aunque una parte importante (aproximadamente un tercio) de los niños siguen con problemas. El estudio también mostró que cuando los niños se hicieron adultos, la experiencia del divorcio de sus padres influyó en su vida sentimental. Cabe apuntar una dificultad para evaluar los resultados y datos del citado estudio, y es que las actitudes de los niños con respecto al divorcio están cambiando rápidamente.

El aumento de los divorcios provoca un aumento de los hogares monoparentales, mayoritariamente encabezados por mujeres. Quien padece esta situación tiene que afrontar a menudo dificultades económicas, falta de tiempo para el cuidado de los hijos, y en algunas ocasiones cierto rechazo social. Aún así, hay que destacar que un número minoritario de hogares monoparentales se dan por voluntad propia: los padres deciden tirar adelante a su hijo sin la ayuda de un conyugue. Otro fenómeno relacionado con los hogares monoparentales es el del padre ausente: debido al divorcio con su pareja, el padre tiene poco contacto con sus hijos. Así, estos crecen sin la figura paterna, una figura de autoridad a la que recurrir cuando lo necesiten.

Otro rasgo que se deriva del aumento de divorcios es la tendencia a volver a casarse: estos casos, bastante habituales actualmente, pueden provocar multitud de reacciones y consecuencias, en función de la edad del marido y esposa, en función de si tienen hijos o no con sus anteriores parejas, en función de la edad de los hijos (si los tienen…). En general, las segundas bodas tienen índices de éxito inferiores a las primeras, y por tanto son más numerosos los divorcios en las segundas bodas que en las primeras.

La aparición de las segundas nupcias provoca situaciones familiares nuevas a la par que complejas. Hay diversos problemas que afrontar: en primer lugar, la existencia de un padre o madre biológico/a que, aunque no viva con la familia, sigue teniendo contacto e influencia sobre su/s hijo/s; en segundo lugar, que los esfuerzos de entendimiento y cooperación que la pareja divorciada hace por el bien de su/s hijo/s puede verse mermado o puede ponerse a prueba si uno de los dos padres contrae un nuevo matrimonio; y en tercer lugar, la convivencia obligada de niños procedentes de relaciones distintas, que pueden no llevarse bien y/o no tener las mismas expectativas del nuevo matrimonio. Estos niños pueden tener problemas de relación con sus hermanastros y con su padrastro o madrastra. La conclusión sobre estos nuevos fenómenos es que aunque los matrimonios puedan romperse con los divorcios, es prácticamente imposible que se rompan del todo todos los vínculos familiares, sobretodo en los casos de matrimonios divorciados pero con hijos comunes.

Otro rasgo del momento actual, otro cambio muy importante, es el fuerte descenso generalizado de la natalidad. Comparando datos actuales con otros de hace tan sólo tres o cuatro décadas, se hace evidente el descenso en los países de la Europa Occidental. Esto se debe a que actualmente hay nuevas motivaciones y factores que influyen en la toma de decisiones, factores como el éxito profesional, que años atrás tenían menos peso.

Hay que mencionar también la cara menos agradable de la familia: y es que existen multitud de casos en los que la armonía y calidez deseables en una familia no se consiguen. En los casos más extremos en que esto no es así, pueden darse consecuencias gravísimas como los abusos sexuales o la violencia doméstica. Los abusos sexuales son un hecho trágico y que se da en un porcentaje inquietantemente elevado. En la mayoría de casos son hombres quienes lo practican, y es una minoría nada significativa la cantidad de casos en que los abusadores son enfermos mentales. Es decir, este fenómeno no se da por perturbación de quien lo lleva a cabo. Se trata más bien de una cuestión de poder y dominio sobre el menor, que no puede oponer resistencia física. En muchos casos, los abusadores son tímidos y de difícil relación con otras personas; en estos casos puede pasar que con los abusos no busquen satisfacer deseos sexuales, sino encontrar el afecto que no pueden obtener de otra forma. Sea como sea, a menudo quien practica abusos sexuales tiene problemas psicológicos complejos y de raíz profunda.

Otro aspecto profundamente negativo de la convivencia familiar es la violencia doméstica, también llevada a cabo principalmente por hombres. Se puede definir este fenómeno como la violencia de un miembro de la familia hacia otro u otros. En la mayoría de casos se trata de hombres que vierten su violencia sobre sus esposas o hijos. Esto convierte el hogar, teórico reducto de paz y seguridad, en un sitio potencialmente peligrosísimo. Las causas son variadas y complejas, pero pueden destacarse la desesperación ante la presión por situaciones difíciles, los celos o ansias de control y posesión sobre la mujer, etc. Sea como sea, un estudio demuestra que la gran mayoría de culpables de violencia de género ya habían tenido episodios violentos fuera del ámbito familiar, es decir que presentan un perfil con una predisposición o facilidad importante a actuar con violencia.

Todos estos problemas que presenta la familia convencional en la actualidad le han valido muchas críticas y propuestas alternativas. Por ejemplo las comunas, en las que conviven diversas familias e individuos que se hacen cargo de manera compartida de la educación de los niños. El ejemplo actual más contundente de funcionamiento en comunas son los Kibbutz de Israel. Se trata de comunas formadas por un número variable de personas (desde 50 hasta 2000) en que el cuidado y educación de los niños es una responsabilidad colectiva. Existen más de 240 Kibbutz en Israel, lo que demuestra que el modelo funciona o, por lo menos, debe ser tomado en cuenta.

Otro tipo de convivencia es la cohabitación, que se da cuando conviven juntas dos personas que mantienen relaciones sexuales pero no comparten una relación sentimental sólida, estable y convencional. Al principio, este modelo escandalizó considerablemente a algunos sectores sociales, sin embargo en los últimos años se ha extendido mucho en sectores como los estudiantes universitarios. Hoy en día tiene una aceptación total y se ha convertido en una especie de etapa experimental previa al matrimonio.

Otro nuevo modelo familiar es el de las familias con padres homosexuales. La relajación de los prejuicios contra los homosexuales ha permitido que esta situación no levante encendidas polémicas, o por lo menos que estas polémicas no impidan el desarrollo de este modelo familiar. Hay dos casos de familias con padres homosexuales con hijos: las que vienen de relaciones heterosexuales, de las cuales provienen los hijos, y los casos en los que el hijo se tiene mediante técnicas como la inseminación artificial o la adopción.

Por último, cabe destacar otro modelo familiar: la soltería. Hay un grupo importante y creciente de adultos que, por circunstancias diversas, viven solos (divorcio, matrimonios tardíos, propia decisión de permanecer soltero…). En general, los solteros destacan que su condición les otorga mayor libertad y autonomía, más posibilidades y menos compromiso en el ámbito sexual, y más capacidad para centrarse en el ámbito laboral.

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